Capulálpam, un recorrido con los pies descalzos en la montaña | Dónde Ir

Capulálpam, un recorrido con los pies descalzos en la montaña

Capulálpam de Méndez está situado a unos 74 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, y para llegar a este pueblo mágico cada kilómetro recorrido trae consigo una experiencia al viaje.

Por: Carmina Spíndola Pérez Guerrero

Por la carretera, apenas unos minutos después de salir de la ciudad de Oaxaca, el paisaje del bosque nos va adentrando en la Sierra Norte, entre tonos verdes y ojos de agua que brotan de la montaña.

No se transita en soledad, en esta carretera nos acompañamos también con ciclistas, motociclistas, algunos camiones que transportan madera de la región o animales. Al ir avanzando se encuentran algunos criaderos de truchas, donde se seleccionan para posteriormente cocinarlas con condimentos de la cocina local.

Más adentrados en el camino hay pequeños restaurantes a la orilla de la carretera en donde viajeros y viajeras hacen parada casi obligada para tomar por lo menos un café y saborear la mantequilla y mermeladas que aquí se elaboran.

Esta carretera nos lleva a hacer un recorrido por algunos pueblos de la Sierra Norte como Guelatao o Ixtlán, al que debemos ingresar para seguir nuestro camino hacia Capulálpam, de seguir el otro camino la carretera, nos llevaría a Tuxtepec. Una vez en Ixtlán sólo faltan 10 minutos para llegar al destino.

Capulálpam recibe su nombre del náhuatl debido a que aquí abunda el árbol de capulín. Se encuentra a unos 2 mil 40 metros sobre el nivel del mar, y cuenta con un bosque húmedo de pino y encino, el cual alberga una de las zonas más diversas de flora y fauna del país.

Una vez que llegamos a la comunidad, podemos pasar al centro, ahí veremos la iglesia de San Mateo, templo del Siglo XVI que nos recibe con su gran atrio y ofrece una vista panorámica del municipio, en donde la mirada se abre ante las montañas y nubes. Una calle más arriba está la plaza principal, en la cual un sábado por la noche podemos escuchar tocar a la banda y donde la gente se reúne a bailar. Si el cuerpo busca un poco más de calor para pasar el frío, el beber mezcal de la región es una opción y se puede encontrar en uno de los cafés de los portales junto con otros productos orgánicos del área.

Para pasar la noche se encuentran las cabañas del centro ecoturístico de la comunidad, en donde se ofrecen recorridos a las cuevas y caminatas al bosque. Si eliges la caminata, Leonel es uno de los guías comunitarios, quien lleva más de 10 años recorriendo este bosque y presentándolo a quienes llegan a visitarlo. Además de ser guía participa en proyectos en los cuales investigadores mexicanos y extranjeros fotografían a las aves de esta región que hacen su recorrido entre nubes y cerros. Actualmente su catálogo tiene decenas de especies distintas, muchas de las cuales él mismo ha fotografiado y que muestra animosamente a los visitantes.

 

Los binoculares son una extensión de la mirada aguda que posee y de su escucha, de la que se vale para detectar aleteos de las 400 especies de aves que aquí viven. Leonel te podrá contar sobre la diversidad de colibríes que moran entre los árboles.

El recorrido dura un poco más de tres horas y decidimos hacer una parte con los pies descalzos. El subir y bajar entre ríos, la hojarasca, los grandes árboles, la zona donde confluyen los vientos sureños con los del Golfo y convivir con la flora y fauna fue un encuentro que nos permitió tomar conciencia de lo importante que es respirar la vida.

Para comer está el restaurante Los Molinos, que tiene como fuerte la gastronomía oaxaqueña. Se podrá tomar un chocolate caliente que acompañe el frío o comer una de sus especialidades, como las truchas que preparan al momento. Este centro recreativo es atravesado por el río y cuenta con tirolesa, un área de juegos infantiles y también un muro para escalar.

Para quienes no vivimos aquí, este recorrido de sabores, vistas y sensaciones termina en algún momento pero nos podemos llevar ese agradecimiento al trabajo de la comunidad, a quienes se han organizado en el cuidado de los cerros y la disposición para compartirlos con quienes visitan esta región.

Quienes continúan su camino de regreso a la ciudad de Oaxaca pueden seguir con ese recorrido gastronómico y de grandes vistas, haciendo una parada en los puestos a los lados de la carretera y encontrar productos locales como el pan de manteca, pan de trigo, duraznos en almíbar, mermeladas caseras, miel, frutas en conserva por $50 o bolsitas de pan a $30 y así tener un buen desayuno en casa.

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