En San Martín Itunyoso ofrendan y agradecen los alimentos de la Tierra | Fiestas y tradiciones

En San Martín Itunyoso ofrendan y agradecen los alimentos de la Tierra

En este ritual originario de San Martín Itunyoso sólo participan los hombres, pues se cree que si participan las mujeres no surtiría efecto y no habría buenas cosechas

La sangre de un chivo blanco es depositada en un cajete, flores, rezos y aroma a copal depositan en la cueva, Tuu kua tuu vii, casa de la luz o del rayo, en la comunidad de San Martín Itunyoso, en el pedimento de la lluvia que acostumbran los pueblos triquis de la región Mixteca.

La cultura triqui ofrendará a la Madre Tierra para que llueva suficiente y se den las cosechas en los campos. Según la tradición, las mujeres no pueden asistir porque se rompe el encanto; sólo los hombres suben a agradecer las gracias de la naturaleza.

 

“Este 25 de abril será la ceremonia para pedir la lluvia, pero es también de agradecimiento a la Madre Tierra por su alimentación y agua que nos da, ser agradecidos es parte de la cultura que los pueblos nativos conservan aún, no son malagradecidos como los hijos de hoy, que se les olvida dar las gracias a sus padres que les dan alimentación y cobijo”, dio a conocer, Emilio Martínez López, nativo de la comunidad.

Martínez López dijo que esta tradición se conserva desde antes de la de llegada de los españoles. Los pueblos triquis de la comunidad de San Martín Itunyoso, van a depositar ofrenda a la cueva que se encuentra a medio kilómetro de la comunidad.

LA CEREMONIA RITUAL

La ceremonia inicia desde la casa de los mayordomos, después de almorzar salen a la iglesia, donde se hace un rezo, se bendice las cosas que se van a depositar, se le pide a San Marcos, santo evangelista al lado de un león, ya que este es su día de festividad, le piden porque todo salga bien en el monte, que no sufran picaduras de animales, ya que es abogado del desierto y de las bestias.

En esta ceremonia que inicia desde las 08:00 horas no participan mujeres, como creencia que si ellas van, la ceremonia se rompe, no surte efecto. Por ello, sólo los hombres llevan sus velas, veladoras o cirios, flores, esparcen el humo del copal y hacen rezos en el caminar; desde luego se acompañan de la música de viento, una banda de la comunidad o música de violín y guitarra, una tradición musical de la cultura triqui.

 

En el trayecto hacen descaso en una cruz que se ubica en el camino ahí realizan un rezo, depositan flores y algunas veladoras, disfrutan de un taco, toca la banda, y continúan el camino hasta llegar a la cueva donde piden permiso depositando pulque en la tierra, adornan la cueva con un collar de flores del campo y pasan al interior para ofrendar por las cosechas y la llegada de las abundantes lluvias.

UN SACRIFICIO

El rezador dirige la ceremonia y mientras esto pasa es sacrificado un chivo blanco y su sangre es puesta en cajete de barro para ofrendarlo a la tierra, mientras los rezos continúan se depositan las luces de las velas y las veladoras, se ponen las flores y se rocía aguardiente, tepache o pulque, después toca la banda y la música de cuerdas que alternan por un buen rato, mientras se reparten la comida, que son tacos de salsa y atole, cerveza y algunos refrescos.

Cada año esta tradición se conserva en la comunidad de San Martín Itunyoso, en la cueva, Tuu kua tuu vii, casa de la luz o del rayo, con la esperanza de que llueva en el campo y se tengan buenas cosechas.

NO ASISTEN MUJERES

La justificación del por qué las mujeres no asisten a la ceremonia es porque —en la mayoría de los casos— ellas no realizan las labores del campo, porque están más dedicadas al cuidado de los hijos. Además, es una creencia muy arraigada en la comunidad, de que si asisten, el ritual no surtirá efecto y no lloverá lo suficiente.

Sobre el cargo de la mayordomía, este se asume de manera voluntaria. Los gastos no son fuertes como era hace 10 años, ya que la participación de la comunidad ha ido bajando, además que sólo es permitida la participación de los hombres y en la comunidad son más mujeres, por ello un tanto la merma, pero es una tradición que tiene mucha fe y presencia en el corazón de los habitantes, ya que ellos están felices porque el ritual se realice cada 25 de abril, cuando este se lleva a cabo ellos están tranquilos, porque saben que va a llover.

 

El chivo blanco que fue sacrificado es llevado y guisado en la casa de los mayordomos para el deleite de los participantes de la ceremonia, antes se acostumbraba a guisarlo en afuera de la cueva; sin embargo, eso ha ido cambiando, ahora prefieren llevarlo hasta el hogar.

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