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Disfrutan visitantes de Las nieves de la Soledad

De leche, coco, vainilla, nuez, capuchino y beso de ángel, son algunos de los sabores que se leen en las mamparas de algunos puestos

Desde las 10 horas, el sonido del movimiento de las garrafas de acero y barriles de madera anuncian que las nieves ya están listas para servirse.

Jóvenes acomodan los manteles y las sillas alrededor de cada mesa, adornada con flores o listones que también alegra la vista en el Jardín Sócrates.

Un niño sube de prisa las escaleras que llevan hacia las “Nieves de La Soledad”, donde los platos y tazones se colocan en los mostradores y las cartas a un costado de cada mesa.

“Hemos llegado”, dice el niño de apenas 7 años, mientras espera que los abuelos terminen de pisar el último escalón y lo complazcan con una nieve de limón o nuez con tuna.

El viento deja caer cientos de hojas de los árboles que ofrecen sombra a los visitantes y refresca por segundos el cuerpo que ya empieza a sentir el calor antes del mediodía.

Mujeres, hombres y niños empiezan a elegir alguno de los puestos para degustar la nieve, según el convencimiento de cada uno de los jóvenes que se encargan de ofertar los sabores y el servicio.

En la Nevería “El Niágara” se encuentra Raúl Gandarillas Mendoza, uno de los descendientes de aquellas mujeres y hombres que apostaron por la elaboración de nieves y llegaron al Jardín Sócrates hace más de tres décadas, luego de permanecer por muchos años en la Alameda de León, a un costado de la Catedral de Oaxaca.

Desde hace 32 años don Raúl llega al puesto para iniciar con la venta de todo tipo de nieves, donde también acuden otras cinco personas que forman parte de la quinta generación. Los fundadores de la Nevería El Niágara les inculcaron el amor a esta forma de mostrar parte de lo que tiene Oaxaca.

De leche, coco, vainilla, nuez, capuchino y beso de ángel, son algunos de los sabores que se leen en las mamparas de algunos puestos que compiten entre sí de manera sana.

Entre las sillas y mesas no se puede evitar la presencia de indigentes que llegan hasta el cliente para pedirle algunas monedas para “el taco”.

“Es lo que más nos preocupa, la inseguridad”, cuenta don Raúl, al recordar que hace apenas unos días una mujer en situación de calle agredió a una visitante y no hubo intervención policiaca oportuna.

A unos metros se encuentra el puesto “Nieves Pepe”, que llegó también con otros cinco vendedores de la Alameda hacia el Jardín, por la visita del papa Juan Pablo II a la capital hace más de 37 años.

“Aquí somos la quinta generación y mi abuela que era originaria de la Sierra, fue prima de don Benito Juárez”, cuenta orgullosa María de los Ángeles Díaz, encargada del puesto donde ya toman asiento los primeros clientes del día.

En esta temporada vacacional de Semana Santa los visitantes nacionales hacen mayor presencia en el Jardín Sócrates. Ahí descansan antes o después de haber visitado la Iglesia de la Soledad, donde cientos de creyentes agradecen los milagros o acuden para aliviar el alma.

“Aquí todavía hay asientos”, “lo que se les ofrezca”, “tenemos todo tipo de nieves”, expresan los jóvenes para invitar a los turistas a degustar lo que solo en Oaxaca se tiene, como la nieve de mezcal o chapulín.

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