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Curtiduría, un oficio en peligro de extinción en la Sierra Sur de Oaxaca

Juan García es curtidor de pieles en Miahuatlán, donde apenas quedan tres familias dedicadas a este oficio

Juan García Peralta es curtidor de pieles desde los ocho años de edad en Miahuatlán de Porfirio Díaz, donde apenas quedan tres familias dedicadas a este oficio que empieza a resentir la falta de compradores.

Ubicada a casi dos horas de la capital oaxaqueña, Miahuatlán es el municipio donde este artesano mantiene vivo el oficio que aprendió de su abuelo y su padre, pero que difícilmente conservarán los hijos y nietos.

A sus 64 años de edad, Juan inicia con el proceso de la curtiduría después de las nueve de la mañana, porque las décadas que lleva encima ya no le permiten empezar tan temprano como antes.

 

Juan García Peraltas aprendió el oficio de la curtiduría desde los ocho años de edad.

Con las manos que revelan los años de esfuerzo y trabajo con miles de pieles, el hombre de complexión robusta invita al taller donde pasa la mayor parte del día.

Por los pasillos de tierra el olor de la piel en tinas de cal es penetrante; Juan afirma que las pieles son de res y se adquieren con productores de municipios vecinos, que dan la pieza en 150 a 200 pesos en promedio.

PROCESO

Éstas se dejan en reposo en agua de cal por 12 días para que traspase el poro, como un primer paso del proceso de curtido. Después se lava y se descarna con una cuchilla, donde los casi dos metros de cuero lo mantienen de pie por más de una hora.
El río que pasa a unos metros de su área de trabajo le sirve para que el descarne sea más fácil. El correr del agua se lleva los restos que ya no serán utilizados.

 

María de Jesús, su esposa, lo ayuda en el oficio.

Desde hace 20 años, María de Jesús Reyes Cruz, esposa de Juan, le ayuda con este oficio que aprendieron sus siete hijos, pero que no ponen en práctica; cuatro de ellos se fueron a Estados Unidos y el resto decidió ingresar a otros oficios. Algunos de los nietos se acercan al taller, pero sólo como curiosos.

Para el siguiente paso del proceso de la curtiduría, Juan y María muelen el zumaque, una hierba que se da en el monte y sirve para curtir la piel y desprende un tinte café verdoso. Ésta la compran con campesinos de pueblos vecinos.

EL ZUMAQUE

El zumaque lo ponen en una canoa de madera de mezquite y la muelen con un mazo, donde a veces apoya uno de sus nietos de seis años que escucha la recomendación del abuelo y sabe que este proceso termina cuando se despida un olor y se advierta el tinte necesario.

 

A veces uno de sus nietos lo ayuda a moler el zumaque.

Una vez que queda molido el zumaque, éste se echa en agua y, posteriormente, a los cueros que previamente son cosidos con mecahilo. Los cueros con agua se dejan reposar por al menos cuatro horas para que curta; después se descosen y se extienden en el patio para iniciar el secado.

SE TARDAN HASTA UN MES

De acuerdo con el hombre de 64 años de edad, el curtimiento de una piel puede tardar hasta un mes y su precio al mercado es de apenas mil pesos en promedio.

A veces, cuando el tiempo lo permite, Juan y María utilizan los cueros curtidos para hacer huaraches, bolsas o cinturones; estos dos últimos deben engrasarse con aceite de grilla o de resino.

 

Se debe descarnar la piel con una cuchilla.

En el taller de Juan se observan decenas de pieles que no ha vendido por falta de clientes. Él asegura que la venta de ahora ya no es como la de hace una década, cuando su demanda era mucho mayor.

NI HIJOS NI NIETOS PRACTICAN EL OFICIO

 

Curtiduría, un oficio en peligro de extinción en la Sierra Sur de Oaxaca

#ExploraOaxaca | Juan García Peralta y María de Jesús Reyes son curtidores de pieles desde hace más de 40 años en Miahuatlán de Porfirio Díaz, #Oaxaca, en donde quedan tres familias dedicadas a este oficio.

Posted by El Imparcial de Oaxaca on Tuesday, July 23, 2019

Con apoyo de María de Jesús, que decidió ayudarlo cuando los hijos no quisieron continuar con el oficio, Juan curte pieles grandes y las lleva a vender a la plaza o al mercado del municipio, donde sólo encuentra compradores locales.
Asegura que este oficio ya no se quiere continuar, porque además de llevar un largo proceso, es pesado por los movimientos que deben hacerse a las pieles llenas de agua de zumaque.
En varias tinas, María y Juan meten los pies descalzos para sacar el agua de esta hierba que le da el color a las pieles, que pueden usarse por más de cinco años.

Elaboran huaraches que alcanzan un precio de 150 pesos.

De esta hierba, el curtidor afirma que ya es difícil encontrar porque muchos campesinos ya no la quieren cortar por la prohibición que hay de las autoridades por la reforestación. En los meses de marzo o abril, deciden comprar esta hierba por toneladas, a fin de que les dure todo el año.
“Esta planta no se da en cualquier parte. Se da en Xitla y otros municipios, pero aquí en Miahuatlán no se encuentra fácilmente”, expone.

PROCESO ARTESANAL

Juan y María reconocen que este proceso que realizan de manera artesanal concluiría con la tercera generación que ellos representan, porque ni los hijos ni los nietos continuarían con la curtiduría.

 

La baja venta de pieles curtidas se debe a que hay escasos compradores.

Ellos aún utilizan el bambú cortado a la mitad para descarnar las pieles y todavía hacen el huarache tradicional de Miahuatlán que venden apenas en 150 pesos, cuando tendrían que venderlo hasta en 500 pesos o más, por el trabajo que realizan en el proceso de la curtiduría.

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