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Lucino, último artesano de sombreros en Miahuatlán

Don Lucino y su esposa, Silvia García, le ayuda a espulgar la lana.

Lucino Martínez García es el último artesano de sombreros de panza de burro en el municipio de Miahuatlán de Porfirio Díaz. A sus 78 años de edad mantiene vivo este oficio que ya no pasará a las siguientes generaciones.

Conocido en el pueblo como “El Machín”, Lucino ríe cuando recuerda que aquel apodo lo heredó de su hermano, a quien lo llamaban de esa forma desde la niñez, pero el cual también fue adoptando por los mismos amigos y vecinos.

 

Lucino señala que el sombrero panza de burro se llama así porque tiene el color de la parte del cuerpo del animal, pero en realidad se hace con lana de borrego.

En la entrada de su vivienda, al iniciar el corredor, se observan algunos sombreros colgados en la pared, así como una mesa y las herramientas que utiliza para su labor que inició desde que era un niño.

Su abuelo y su padre eran sombrereros y le heredaron este oficio. Conserva varios de los objetos que ellos utilizaban para hacer los sombreros, como las mesas y un tablero de 150 años.

 

EL PROCESO DE ELABORACIÓN

 

Lucino cuenta que la elaboración del sombrero dura varios días y se requiere gran esfuerzo, paciencia y amor por el oficio, cuyos productos han encarecido por los pocos artesanos que quedan en el estado.

Martínez García compra la lana de borrego de pueblos vecinos como Palo Grande, donde los comerciantes también han disminuido y ya no venden como en otras épocas. Ante ello, compra poco a poco sus materiales y almacena durante todo el año.
Sus manos empiezan a espulgar la lana, quita las basuras o desechos. Después, como segundo proceso, lleva la lana a cardas de madera para que quede pulida y abierta. El tiempo que tarda en ello es de dos horas y media.

 

Una vez concluida la cardada, la lana pasa a un arco con hilo de pescar y un tocho. Ahí se cuaja la lana para formar dos hojas que se unen y que tiende en un canizo, formado por varios carrizos en hilera.

Después se va a la plancha con lumbre para que se cuaje con un paño de yute, cuyo proceso se llama bastida. Ahí toma un recipiente con agua y con su boca agarra el líquido para rociarlo en el paño donde envuelve la lana que, posteriormente, encurte con agua caliente y después al acabado con el teñido.

 

En este último paso, Lucino coloca la lana en un tablero de encino de 150 años que utilizaron su abuelo y su padre. Ahí le echa agua caliente para que agarre textura y utiliza también cera de colmena y brea de copal. Para teñir y dar el color al sombrero auténtico de panza de burro, Lucino utiliza el huizache, que es un árbol que suele darse en tierras de Oaxaca y otros estados del sur sureste.

Para dar forma al sombrero utiliza planchas de vapor y con la mano moldea el sombrero.

LA PRODUCCIÓN

Por su edad, el hombre de complexión delgada afirma que apenas logra hacer un sombrero a la semana, antes hacía hasta una docena.

Otro factor de la baja producción es la poca demanda de los sombreros de panza de burro, que impide que se elaboren en mayor número. Además, por el precio ahora es un objeto de lujo.

 

Los hijos y nietos de Lucino no seguirán la tradición de la elaboración de estos sombreros. Él representa la tercera generación y quizá la última de su familia en esta artesanía, donde su esposa, Silvia García, le ayuda sólo a espulgar la lana.

EL COSTO

En promedio, un sombrero de panza de burro lo vende en 4 mil 500 pesos, pero el más caro cuesta hasta 25 mil. Los encargos suelen ir hacia estados del norte del país, donde el sombrero sólo se adquiere por lujo, no por uso.

Lucino cuenta que antes el sombrero de panza de burro era adquirido por los campesinos por la buena calidad y la durabilidad.

El sombrerero señala que por varias décadas ha hecho los sombreros panza de burro, pero admite que no los utiliza. “Me acuerdo que sólo una vez utilicé un sombrero, pero luego me lo quité”, expresa el hombre que asegura que su oficio persistirá con él hasta el día en que él aguante.

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