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Fiesta de muertos, la más grande en Huautla

Se realizará la tradicional velada en los panteones mazatecos.

De acuerdo con la creencia ancestral de los mazatecos, el 27 de octubre llegan los fieles difuntos a la tierra de los vivos para reunirse espiritual, alegre y nostálgicamente con sus familiares y amigos. Por ello, los comerciantes y habitantes de Huautla realizan la plaza dominical más grande del año previa a la fiesta de Todos Los Santos y Fieles Difuntos, con una derrama de miles de pesos para celebrar esta costumbre milenaria.

Desde profesionistas, iletrados, pobres y ricos, realizan compras de artículos que ocuparán durante los ocho días de festividad espiritual y religiosa; velas blancas, amarillas, veladoras, flores de distintas variedades, pan, café molido, frutas de la temporada, mole en pasta, guaxmole, carne de res, chivo, puerco y pollo, entre otros productos comunes en la temporada de muertos, y las ánimas son recibidos con cohetes y cohetones.

En este 2019, el precio por kilo de velas de parafina es de 70 pesos, los sirios amarillos de miel pura a 50 pesos; las hojaldras de yema de huevo a 55 y 60 pesos, la pieza de pan muertito a tres pesos, mientras que las flores se venden desde 20 hasta 100 y 200 pesos, y así sucesivamente hasta llenar los morrales de los alimentos y artículos que se consumirán en esta fiesta anual de la etnia mazateca, y colocándolas en sus mesas y altares de carrizo.

Asimismo, hay artesanos que elaboran máscaras de madera (de un árbol llamado jonote) que nuevamente son muy solicitadas por los “artistas de la muerte”, los famosos Huehuentones, jóvenes y niños, ya que hace más de una década los aficionados ya se estaban dejando conquistar por los gringos y sus famosos disfraces de Halloween, máscaras de plástico; sin embargo, la tradición original volvió a recobrar vida en el territorio huautleco.

También los jorongos de lana retoman importancia en la fiesta de Todos los Santos, los huaraches (tapados) elaborados por artesanos huautlecos; sombreros y charros de mimbre, bastones de madera y otate. Esta festividad espiritual es la más grande de todo el año, ya que miles de mazatecos radicados en las distintas ciudades del país visitan sus lugares de origen en la zona. Niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, estrenan ropa y calzado.

Así también, Los Huehuentones (hombres que dicen representar a los fieles difuntos) salen a bailar y a cantar en lugares públicos y hogares mazatecos, tradición ya muy arraigada que realizan los Hombres que Brotan del Ombligo con alegría y nostalgia, bailando y cantando con sus guitarras, violines y armónicas, y lanzando chascarrillos y mensajes de reflexión en los 16 municipios hablantes de la lengua materna.

Aunado a todo lo anterior, de alegría y nostalgia, los días más sublimes son el 31 de octubre por la tarde cuando padres de familia y hermanos acuden a velar al panteón municipal a sus seres queridos, los llamados angelitos, aquellos niños o adolescentes que a cortad edad y sin conocer los grandes misterios de la vida se adelantaron. La velada se repite el 1 de noviembre durante la madrugada, y por la tarde las personas de todas las condiciones acuden otra vez al panteón a velar a sus difuntos mayores, cuyo acto repiten el dos de noviembre durante la mañana y el mediodía. Así concluye la tradición anual de Todos los Santos.

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