Buñuelos, una dulce tradición olvidada en Oaxaca | Gastronomía

Buñuelos, una dulce tradición olvidada en Oaxaca

Los artesanos andan como peregrinos, buscando alguna feria religiosa para expender su producto; piden el apoyo del Gobierno del Estado

*Fotos: Adrián Gaytán

Hombres y mujeres dedicados a la elaboración y venta de buñuelos, sostienen esta tradición, enfrentando el abandono y la caída que han tenido desde que en el 2004 los retiraron de la explanada de la Catedral, lugar que era histórico para esta venta en la temporada decembrina.

Ahora andan como peregrinos, buscando alguna feria religiosa para expender su producto.

Sara Vasconcelos y Mario Humberto Manuel, son dos comerciantes instalados en la vendimia que acompaña la festividad de la Virgen de La Soledad. Ambos, aprendieron desde pequeños, antes de los 10 años de edad, a elaborar los buñuelos, como herencia de sus padres.

Ellos se sienten reconfortados del corazón al sostener sus puestos que han logrado por varios años y que está en riesgo si no encuentran impulso en las autoridades estatales.

Antes, eran 23 los que se dedicaban a esto, ahora, apenas sí hay 6 o 7 personas quienes se localizan en diversos puntos de la ciudad para vender sus buñuelos.

Los puestos se localizan en los parques como el San Francisco y en la explanada de San Agustín, acompañando a las ferias.

Queremos una feria del buñuelo

Eran las 16:00 horas de este domingo y Don Mario Humberto, se preparaba para elaborar el producto. Toma la masa, la pelotea en medio de la harina y forma su memela.

Mientras va avanzando en su elaboración, pide algo muy especial al gobernador Alejandro Murat y al secretario de Turismo, Juan Carlos Rivera Castellanos: “Quisiéramos que venga el gobernador a comerse un buñuelo, vemos que le gusta lo tradicional. Le tenemos una petición: un lugar dónde vender en diciembre para mantener viva esta tradición”.

Originario de la ciudad de Oaxaca, vive en el centro de la ciudad; es una persona que ha dedicado su vida en esta actividad, pues desde los 8 años, ya ofrecía los dulces.

“Llevamos esta tradición en el corazón; a Turismo le pedimos una feria para resaltar nuestro trabajo”, señaló.

Y es que, desde la salida de los puestos de la Catedral donde normalmente se ubicaban del 15 de diciembre al 6 de enero, varios comerciantes abandonaron el trabajo por falta de venta, pues ya no les fue redituable.

Mario Humberto apeló a la disponibilidad del gobernador a disponer un espacio donde puedan estar en estos días, cerca del zócalo, donde se realiza la Noche de Rábanos.

Sara Vasconcelos tiene 61 años y tiene 5 décadas con esta actividad que buscó heredar en sus hijos, pero sólo uno quiso seguir la actividad de antaño.
Con nostalgia de dejar algún día su actividad y no pueda transmitirlo, la señora solicitó el apoyo de la autoridad para el impulso de los y las buñueleras.

“Yo amo lo que he realizado, aunque me digan que abandone este trabajo, es lo que me gusta hacer y quiero seguir haciendo buñuelos”, dijo.

Año nuevo, vida nueva

En el puesto del señor Mario Humberto, llegó Ernesto, quien al terminarse su buñuelo, soltó el plato de barro al piso para sorpresa y asombro de muchas personas que pasaban por el lugar.

Esta es una acción que viene de la época prehispánica, donde se creía que se tenía que romper la vasija para limpiar de lo malo, de lo viejo. Dicen que desde el rey Cosijoeza instauró esta tradición: año nuevo, trastes nuevos, vida nueva.

En ese acto se piden los tres deseos para empezar el nuevo año. “Mientras se va rompiendo el plato, se va pidiendo lo que uno quiere, ese es el motivo”, explicó el señor cuyo negocio “Buñuelos Mario” está sobre la avenida Independencia.

Hay personas que rompen el plato, otros más se los llevan y quienes lo dejan en el puesto donde consumieron.

Elaboración del buñuelo

A la harina la mezclan con huevos leche, e ingredientes que ellos conocen. Después, van formando las memelas que harán como una tortilla para freírla en aceite. Ya cocida, las decoran con azúcar roja y las sirven en agua de miel, como le conocen.

Cada buñuelo tiene un precio de entre 25 y 30 pesos, dependiendo del tamaño.

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