Mercados de Oaxaca ,el color del gusto | Gastronomía

Mercados de Oaxaca ,el color del gusto

La Merced, 20 de Noviembre, Benito Juárez, ¿qué esconden estos nombres, estos lugares que concentran la vida de todos los pueblos de Valles Centrales?

Los sentidos comienzan a agudizarse, tan pronto se entra en él, las flores dispuestas en los accesos llaman a sumergirse en su penetrante aroma, el humeante champurrado, una bebida caliente preparada a base de maíz y azúcar, y el suave pan de yema se pronuncian sobre el gusto, mientras el tiempo parece detenerse por la tranquilidad que infunde el sonido del agua que cae en la cantera verde. Es el mercado de La Merced, que desde 1973 se encuentra en la calle Nicolás del Puerto, entre Murguía y Morelos.

Es hora de alimentarse y comenzar la aventura por los mercados de la ciudad. La pregunta es si comer unos tacos de barbacoa con consomé o entomatadas que enganchan con un delicioso aroma a cilantro y cebolla, además del jugoso tasajo dispuesto en un plato de barro.

El viaje por esta ciudad patrimonio de la humanidad arranca con un buen desayuno, que se disfruta en una fresca y soleada mañana, bajo el azul inconfundible del sol que inspira a varios fotógrafos y pintores, que conviven con una diversidad de colores impregnados en las casas de estilo colonial.

Caminar por las calles es una buena táctica para disfrutar del sol y de paso ayudar al estómago a estar listo para otros antojitos, como los que hay varias cuadras adelante, rumbo a la Plaza de la Constitución o zócalo. Cerca de ahí, a calle y media -si se baja por Flores Magón- está el mercado Benito Juárez, tan diverso en artesanías y textiles como en comida típica: chapulines, panes, aguas, dulces regionales, tejate y mezcal.

Entre las “blandas y tlayudas” que con un tono cantado repiten las mujeres de los pasillos, refiriéndose a la variedad de tortillas que venden, una refrescante agua de fruta alivia el cansancio tras una caminata por el Centro Histórico.

Al salir del mercado, sobre Flores Magón, los chapulines saltan a la vista como una botana rica en proteínas, para seguir rumbo a otro mercado, el 20 de Noviembre. Son pocos pasos los que separan a éste del Benito Juárez, basta cruzar la calle o avanzar unos metros –dependiendo de la vía donde se salga-.

 

Puestos de artesanías son la antesala de este sitio reconocido por el caldo de panza y menudo que desde temprano puede disfrutarse con tortillas hechas a mano. También se antojan unas enchiladas de mole coloradito y una crujiente tlayuda con aguacate, quesillo y un buen trozo de tasajo. La decisión se torna complicada, pero tan pronto se llega al pasillo de las carnes asadas queda resuelta. Con sus cebollas, quelites y limón, una nada despreciable porción de cecina, chorizo o tasajo se vuelven la elección del día.

Es la mejor opción para la hora de la comida y para antes de ir a comprar recuerdos de nuestra visita a la otrora Verde Antequera, de esta ciudad que en su nombre recuerda al Benemérito de las Américas.

Ya el calor es más intenso, pero es hora de conocer algunas de las artesanías y textiles que de las ocho regiones del estado se reúnen en la capital. El Mercado de las Artesanías (una cuadra abajo del 20 de Noviembre y entre las calles Zaragoza y J.P. García), es ideal para conocer el barro negro de San Bartolo Coyotepec o los textiles de la Chinantla, la Costa y la zona Triqui. También, para adentrarse en la mente de quienes hacen de la madera infinidad de posibilidades para dar vida a criaturas inimaginables, a seres fantásticos que como los creados en el Estado de México se conocen como alebrijes.

El viaje por las calles y sus mercados es interminable, pero para el primer día, antes de descansar o pensar en algún plan para la noche, las delicias de un mercado gourmet son ideales para conocer otra faceta de la ciudad. Hora de conocer Alhóndiga Reforma, un mercadito ubicado en el 406 de la calle Reforma, muy cerca del andador turístico y del Jardín Etnobotánico. Peculiar por las cervezas artesanales y sus postres, este sitio abierto hace un año es también un encuentro con las artesanías del estado, aunque de una forma más experimental y contemporánea.

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